lunes, 16 de noviembre de 2009

80.- Lola está sola
La vaca atrevida expone su cuerpo al sol y recibe el calor de la arena en la playa solitaria. Lola está sola. Y sola contempla el ir y venir de las olas. Sola, escucha el bramido que el mar le acerca. Ella le responde con un prolongado mugido incitante.
Lola espera que el mar le acerque el deseado toro a su orilla. Pero no llega. Sin embargo, el astado brama cada vez más cerca. La reclama.
Entre rugidos y bramidos, las olas avanzan hasta el encuentro de sus pezuñas y salpican con sensualidad la blanca espuma salitrosa en su cara. Ahora, los bramidos son tan recios que Lola siente miedo. Y sola, con un balanceo de cola y estampando una boñiga en la arena, se aleja de la orilla.
Seguramente, Lola vuelva mañana para escuchar el bramido de su toro bravo.


79.- Sin título
Mediodía. La cabeza a punto de estallar. Escaleras de Santa Lucía. Mi padre insiste: — apaga el cigarro.
Solo unas horas antes los cuatro de siempre frente a otra iglesia. Tras los últimos pinchos las primeras copas. La lluvia y los recuerdos van cayendo con las horas. Lolo toma la palabra. Va para largo. Voy y vuelvo del servicio. No están (o no les veo). Me acerco a la puerta. Una mano femenina toca mi hombro. Me giro. Nuestros ojos se reconocen en los del otro. —¿Tomamos algo? —de acuerdo. Algo vibra en el pantalón (ya me extrañaba...) —Bien (...) en el servicio (...) Sí, en breve (...) once y media, mejor (...) ok! —¿Te están buscando? —Estaban. —¿Me besas? —¡Faltaría más! Hora de cierre. Salimos. La luna ilumina la calle del Sol (pero no el callejón).
Cinco minutos pasan de mediodía. De nuevo una mano en mi hombro. Fuera, mientras me caso, continúa lloviendo.
78.- Instantes de humo
En un viaje al infinito de tu mirada....
al horizonte del mañana,
entre olas,sal y amaneceres anaranjados....
entre despedidas a lo cotidiano...huidas del pasado...

Camino de lo que llegará....
entre estaciones vacías,
pasillos eternos
y sombras inconscientes...

Entre el calor de nuestras risas,
la pureza del presente
tu mano sobre la mía...

En un viaje al infinito....
....sobrevolando el todo,
y descendiendo hacia la nada del ayer....

En la calma de una espiral de ardiente deseo,
en el silencio de un millón de besos
con la seguridad de la incertidumbre....
... con el deseo, de amar..... con el deseo de ti...

Con la pasión de dos inconscientes,
navegando en lo efímero de la tempestad...
Con tu sabor a sal, sobre la arena.....

Observándonos ansiosos,
la única luz que alumbra la nocturnidad que nos envuelve....
.... deteniendo la mirada en el faro que, por unos segundos...
nos dejará al descubierto...
dejando intuir nuestra frágil serenidad, una noche más de tormenta.

77.- NOCHE DE ALTURAS
.... y aún sigo subiendo aquí,
a lo alto de la noche...

...sintiendo como el viento transporta tu recuerdo
y secuestra mi calma....

Los cristales de las botellas rotas,
aún hacen sangrar tu habitación,
y las fotos viejas...mi corazón.

Y ahora,
ahora no se si ríes o lloras la luna,
si bebes nuestros recuerdos,
o no tragas el árido silencio.

Ahora,
no hay relojes ni esperas,
minutos ni horas colgada de las estrellas....

Tan sólo sigo
bebiendo en lo alto,
y olvidando las ausencias

que me han traído hasta aquí.
76.- Estoy solo
La calle se alargaba y se estrechaba. Eso era desde donde él la veía, la columbraba más exactamente. Inició la ruta en la estrechez de la calle. Le sorprendió comprobar que no era tan larga como le parecía, y que tenía menos curvas de lo que su mente había percibido desde el fondo, cuando se adentró en ella.
Tras un recorrido no muy largo alcanzó un vacío, como una catarata de alquitrán, y se dejó caer calle abajo, con los brazos abiertos y los hombros y la cabeza hacia atrás, como tragando el viento, sin ver el final, hasta que alcanzó una estatua a la que preguntó: ¿bailas?, pero la mujer, con una mano en la cabeza y otra en la cintura, mirando al sur, y con la boca en forma de “o” mayúscula, solo llegó a decir: “sostente sin tirarme”.

75.- Sin título
- Yo te voy a contar lo que le hicieron a esa muchacha- susurró el barman, vigilando que nadie lo escuchara, y se inclinó hacia mí.
Pero yo sólo podía pensar en su rostro grasiento y sus orejas de roedor
74.- Sin título
Ya hace varios días que su marido ha muerto, pero sus lágrimas no la impidieron salir a la calle con ese vestido de flores que tanto la gustaba. Nunca la importo lo que dijeran los demás, ella se sentía libre, guapa y con fuerzas de hacer todo lo que se la antojara.Ya nunca mas tendría que soportar esas voces, insultos y torturas que le brindaba su querido marido. Se prometió una vez mas que nunca volvería a llorar por el, pero en cuanto entro por la puerta del bar, se derrumbo en un bar de lagrimas, a pesar de todo... le amaba.
73.- Sin título
En esta instantánea inanimada , “solo “ podemos observar unas mesas con sus sillas ,un suelo resplandeciente ,como si nadie lo hubiera pisado desde hace mucho tiempo .Si nos paramos a mirarla “ desde nuestro interior “ casi percibimos los olores , los murmullos de las personas , sus risas y como no… algunas confidencias contadas en la intimidad de dos personas , y que quedan en el anonimato gracias al entorno ruidoso y a la “vida “ que allí , se respira . La instantánea ,que hace unos minutos era inanimada , a la vez que ha cobrado movimiento ,también nos ha hecho percibir sentimientos , sensaciones …. ,que desde nuestro interior , intuimos no son tan distintos a los nuestros :Por un instante nos hemos dejado llevar por la magia de una imagen ,que ha recobrado “la vida “ …
72.- REFLEXIÓN CON PORRO Y CERVEZA NEGRA.
La noche despierta a la calle del Sol. Y sus ojos parpadean antes de encenderse del todo en las fachadas, para fijar su mirada sabia sobre los que deambulamos ya nerviosos, ya ansiosos de ser absorbidos por sus entrañas. La calle sueña antes de nacer de nuevo y sueña mejor que nosotros. Se alza en el aire, desgajada del resto de la ciudad, visitada sólo por aves nocturnas. Y yo me siento ahora, asistiendo a este despertar milagroso, como una de esas aves afortunadas y negras. Ahora tengo alas porque Ella me está mirando, porque no hay ciudad que encierre una calle como ésta sin estallar en un millón de pedazos. Por eso sé que estoy en el aire y que la calle sigue soñando despierta

71.- UN ENCUENTRO. Dedicado a Julio Maruri.
Camina despacio, acompañando al viento, atravesando el tiempo con sus recuerdos. Su memoria es vasta como su poético universo, pero el brillo de sus ojos, la curiosidad de su gesto, son como los de un niño nuevo. Observa cómo ha cambiado esta calle que comienza con casas de pescadores y se va convirtiendo en barrio de gente bien… y va repasando en voz alta épocas y familias y los encuentros entrañables con Carlos Salomón, cuando ambos vivían en la calle del Sol. Nos despedimos y me voy caminando despacio, acompañada por el viento, por la ternura del encuentro con un personaje exquisito, artista sabio y viejo, pensando que, como pasa el tiempo, yo voy también acumulando recuerdos, muchos de esta calle, cada vez más ancha, más llena de arte, comunicación y encuentros. Recordar es recuperar el pasado pero compartirlo es volver a vivir y podemos vivir así muchas veces compartiendo.

70.- Bloque 56
No se trata de un bloque cualquiera en una calle cualquiera, aquí se cuenta la breve vida del bloque número 56 del nuevo bordillo de la acera de la calle del Carmen.
Bloque 56 se encuentra en el margen derecho de la acera a la altura del Colilla según miras hacia la iglesia. Nada más ser puesto le inquieto la vida de los numerosos bares de la calle, así que rapidamente hizo amigos.
Hizo gran amistad con bloque 24 ,este se encontraba en frente del Rubicón, y siempre hablaban los jueves, ya que bloque 24 le informaba de las buenas mozukas universitarias que entraban en él.
¡ Aquí bloque 24 llamando a bloque 56!,¡ Esbeltas mozukas suecas entrando por mi gran puerta!.
¡ Bloque 24! Aquí no entran más que metrosexuales, ¡ estoy harto¡quiero que me cambien de zona! .
Hoy en día la vejez de ambos se caracteriza con viejas historias de bares que un día ambientaron la zona

69.- Sol vs. Lluvia.
Mi madre me contaba de niña que cuando llueve durante un largo periodo de tiempo, la lluvia se filtra en las paredes, empapa nuestros cuerpos y acaba desbordándose por los ojos. Cuando eso ocurría, nosotras poseíamos la solución infalible, un chocolate caliente y unas crepes, que a menudo terminaban como soles pegados al techo. La sensación era increíble.
Al crecer, el efecto desapareció como por arte de magia, pero el agua seguía cayendo ahí fuera. Una tarde de aguacero fui a refugiarme en un bar y al entrar comprendí porque a ese lugar nunca le daba la luz de sol. Su luz estaba en las paredes, en los ojos de la gente que se encontraba allí, en cada recóndito lugar de aquel local y, de repente, las huellas de mi niñez se removieron en mi interior y encontré una nueva barrera de contención para aquellas lágrimas difíciles de vencer.

68.- 99 Pasados
Ayer dijeron en aquella peli: “Al final tendrás cien pasados y ningún futuro”. Tú no le diste ninguna importancia porque, en realidad, puede que no la tenga. Me enrollé en tu brazo –el aire
acondicionado estaba puesto aunque es octubre- y te miré, pero tú no moviste tus ojos azules de la pantalla. Yo sé de todos modos que tampoco estabas viendo la película. Estabas en otra parte, en tu futuro sin mí.
Hoy hemos quedado pero he llegado demasiado pronto y aún no han abierto el bar. Los bares vacíos son como cadáveres; cuando están vivos, parecen otros. Estoy aquí fuera pensando en la película y en el futuro y en nosotros. Y sé que tú no estás pensando en esto y que ni siquiera vas a venir. El caos de mis manos se desparrama por la calle San José.
Mañana voy a dejarte. Con eso tendré un pasado menos.

67.- Zapatos de vértigo, miradas que matan
Él estaba allí otra vez. Fumándose un cigarro con ese aire que solo es suyo. Él, que una vez levantó sus más bajas pasiones; él, el hombre que revolucionó su vida de un golpe y la volvió negra, gris, y luego luz. Pensó. Aquel hombre fue sus noches pasajeras, sus sábanas teñidas de alcohol y olvido. Él era todo lo que deseaba. Movimientos torpes tapados con besos. Luego se enteró de que se marchó con la mujer de los tacones rojos. Como todos.
Se levantó y salió de la cafetería. Pasó por delante de él, como si no lo hubiera visto. Hoy se había puesto un vestido estrecho y corto, de esos que quitan el aire; llevaba unos tacones de vértigo, de esos que te hacen ver la vida en otra posición. Al salir por la puerta le echó una mirada de esas que matan.

66.- El viejo corsé
A vista de pájaro las reflexiones que no varían deben ser bebidas. Refugiándome en el bucle con aristas de una birra, volví al maná echando humo por todos mis huecos. Nada de Sol, no me hables más de Carmen, adoquina mi asfalto para que no pueda esconderme entre ruedas. El trenzado de bares, el corsé de vientre hinchado, desde que cruzabas el Rubicón hasta que las Reinas del Colilla te preparaban para tu confesión definitiva en la iglesia. Todo ha cambiado. El nuevo pavimento libera los gozos y muestra diáfanas las penas que antes calaban barricadas. Ahora, más limpios, sin respiración cuatrera, dejaremos el misticismo para Sta. Teresa, quien sabe si ahora quizá, como en Cañadío, salgamos a la calle a compartir nuestros sueños… Y oigamos los cantos de sirena
65.- TORNASOL DUERME
-Que no despierte- dice la maga momentos antes del amanecer. Tiene negra la boca y los ojos morados, como si fuera mortal y sufriera de amores crepusculares. Con su pañito de gasa, frota a compás y una por una las mesas de madera, deshaciendo las gotas del rocío, la leve espuma de la marea nocturna, el montoncito de cenizas de su corazón. Todos los días soñando con Aladino y su lámpara, para sucumbir a la piedra de Sísifo momentos antes del amanecer.
-Que no despierte- dice la ninfa, pues teme el momento cruel de los ojos abiertos, cuando las cremalleras se descorren y triunfa de nuevo el caos sobre la geometría de su varita.
Y el tiempo se detiene un instante. Tornasol en paz nada teme. Y luego, refulge el primer brillo sobre la veleta del campanario, deshaciendo el ensueño. Sísifo cargará de nuevo con su piedra.

64.- Roser y sus dos mundos de ficción
Yo siempre quise tener una casa, un jardín dónde plantar y cuidar mis rosales, y un hombre que me acompañase los días de lluvia. Y mi sueño no se cumplió. Vivo en un apartamento alquilado en la calle del Sol, tengo una maceta en el balcón con un geranio triste, y no recuerdo la última vez que los cristales se humedecieron con la lluvia. Hoy cumplo años, siento que necesito encontrar con urgencia tierra mojada y fértil bajo mis pies, pero una impertinente sequía de abrazos, me ha regalado una docena de rosas y un vodka con limón. Al caer la tarde, he cerrado los ojos y he imaginado que un amor cualquiera me protegería del frío y de la soledad. Y a mí que, siempre me gustaron las flores, me llamaron Roser, y no crecí en una casa heredada con un gran jardín y un abrigo de rosas, esperándome.
63.- Roser y sus dos mundos de ficción
Yo nunca quise tener una casa, ni un jardín dónde plantar y cuidar mis rosales, ni un hombre que me acompañase los días de lluvia. Y mi sueño se cumplió. Vivo en un apartamento alquilado en la calle del Sol, tengo una maceta en el balcón con un geranio alegre, y no recuerdo la última vez que los cristales se humedecieron con la lluvia. Hoy cumplo años, siento que necesito encontrar con urgencia tierra mojada y fértil bajo mis pies, pero una impertinente sequía de abrazos, me ha regalado una docena de rosas y un vodka con limón. Al caer la tarde, he cerrado los ojos y he imaginado que un amor cualquiera me protegería del frío y de la soledad. Y a mí que, nunca me gustaron las flores, me llamaron Roser, y crecí en una casa heredada con un gran jardín y un abrigo de rosas, esperándome.

62.- CULPA MIA
Por una de las calles más congestionadas de Santander, la calle Sol, pasaba una mujer en su coche, tocando la bocina alegremente, hasta que fue a chocar con el nuevo descapotable del señor Jordán. Mientras desenredaban los parachoques, dijo la señora, un poco de mala gana:
-Creo que todo fue culpa mía.
-Nada de eso – dijo el señor Jordán, inclinándose galantemente --. Le aseguro que
la culpa es enteramente mía. La vi a usted a tres manzanas de distancia y tuve bastante tiempo para irme por una de las calles laterales.

61.- CON EL SUDOR DE SU FRENTE
Un octogenario de la calle del Sol que yacía en su lecho de muerte llamó al abogado con quien yo trabajaba para redactar su testamento. Yo le acompañe para servir de testigo.
-A mi hijo Jaime, como prueba de mi amor paternal, le dejo diez mil euros,
-- comenzó el anciano --. A mi hijo Juan, la misma cantidad, y a cada uno de mis ocho nietos les dejo mil euros…
El abogado le interrumpió:
-Un momento, señor Roberto: su capital no alcanza más que a tres mil euros. ¿ Cómo quiere usted que sus beneficiarios vayan a heredar todo ese dinero ?
El señor Roberto se sentó en su lecho indignado.
-¿ Heredarlo ? – gritó --. ¡ Qué lo ganen trabajando, igual que lo hice yo. !

60.- “Rocco Si Freddy siempre es otro”
10:45 P.m. Otro antro y otros cuerpos más por descubrir. Unos rones más le servirán para su estúpido plan.
Suena “My friendo goo” de Sonic Youth!!!. La cuenta atrás semanal ha merecido la pena.
Otro disfraz que crear para una guapa y aleatoria desconocida. Sin su copa en la mano se siente desnudo. Un egoísta que camina a ritmo de rock en busca de una presa más.
Un oído que encantar. Mil susurros por delante y una fría noche que calentar. Escupe promesas por su boca como un Rocco Si Freddy, aunque son demasiadas molestias para un clímax tan efímero.
10:45 A.m. Mismo colchón y mismo cuerpo afectado.

59.- Cielo sin azules
No olvido la noche en que el mar despertó de pronto hasta hundir el barco que me llevaba a una dehesa paradisíaca. Allí pastaría a mis anchas y abastecería de leche a toda una aldea.
Pero la espuma me envolvió, tragué agua e inicié un baile forzoso con las olas al son de chapoteos desacompasados que presagiaban la tragedia. La agonía fue rápida.
Desde entonces, cuando la luna empieza a desperezarse, me siento frente al mar, con una corona de algas sobre mi cornamenta y admiro la belleza con mis ojos hundidos. El verdín de mis cuencas resalta sobre el tono plomizo de mi piel, igual que mis labios amoratados. Algunas conchas se adhieren a mi cuerpo gris ceniza, hinchado por el agua. Mis partes carnosas se pudren y apestan. Los bañistas huyen asustados. Por eso voy a la orilla al anochecer.
Amo el gris de este cielo sin azules.

58.- LA TORMENTA
“¿Sabés? ¡En Júpiter recién descubrieron una tormenta que lleva rugiendo más de trescientos años! La tormenta sólo es el doble de grande que todo nuestro planeta …
¡Imaginá, viejo, tres siglos sin un paraguas a mano, los jupiterianos!”.
La noche es fría y las estrellas se ven mejor con la ciudad a oscuras.
“Uno se siente pequeño ante tanto anticiclón, pero ¿y el placer de ver tan lejos y de comprender tan poco?”
El estadio esta lleno a rebosar. La gente se amontona buscando un poco de calor. Son unos cinco mil.
“¿Dormís Víctor?”
Una estrella fugaz cruza la noche chilena y se oyen disparos en los vestuarios del equipo local. Víctor Jara duerme y sueña con paraguas enormes y con una mujer que le espera en un bar. Mañana le habrán roto las manos y arrojado su cadáver a unos matorrales.
En Júpiter, la tormenta ruge, girando alrededor del planeta.

57.- LOCOS
“¿Sabe que en este pueblo ya no hay locos?”
El camarero me miraba fijamente, con unos ojillos de niño que brillaban en su rostro surcado de arrugas.
“Aquí, en Chile, tras el golpe militar se impuso un toque de queda bien duro. Las calles estaban prohibidas al caer la noche, y las patrullas recorrían el pueblo con órdenes de disparar sin contemplaciones a quien anduviera fuera de casa.”
“La gente corría a encerrarse en casa al empezar a oscurecer... pero los locos salían en medio de la noche. Aquellos chiflados no podían resistir vaya a saber qué impulso y salían a pasear bajo las estrellas. Los soldados los mataron a todos”.
El tipo fue a atender a otro cliente y al volver me dijo con una media sonrisa de chiquillo travieso:
“Así que, ya ve, desde entonces en este pueblo ya no hay locos”.

56.- Esperanza
La tenue luz de una solitaria farola ilumina el suelo empedrado, lleno de charcos que la lluvia ha ido dejando durante todo el día de forma suave y obstinada. Carmen y José suben desde Puertochico por la calle del Sol. Caminan juntos, casi pegados, refugiándose debajo de los balcones y los aleros del agua que irrumpe en pequeñas riadas desde los tejados. Ha sido una jornada larga desde que el avisador les despertó al amanecer. Ella, envuelta en mil refajos, lleva una canasta de mimbre en la cabeza repleta de pescado. El, cansado, avanza cabizbajo. Pasan por delante del bar, camino de casa y desde fuera la ven, acodada en la barra, ensimismada y triste, enjuta y desamparada, vestida con sus mejores ropas, tan frágil como la flor que tiene entre sus dedos, esperando, siempre esperando a que su marido y sus hijos, pescadores, vuelvan de la mar.

55.- Viaje sin regreso
Aquel día, fue el peor de mi viaje por la vida. Todo se acababa, se venía sobre mí, en un sin fin de agonía. Mientras descendía guardado en su ahora casa negra, yo, temía por su ida. Su viaje, había terminado. El ya no podría volver. Ya jamás podría sentir su olor, ni su tacto, ni tampoco sus tan tranquilizadoras palabras. Y entonces es cuando uno empieza a recordar… cuando le chillaba al desagradarme, cuando lo desilusionaba al hacerme un gesto amable… es más, si bien lo pienso, nunca, le dije te quiero. Y ahora es cuando uno comienza a sentirse culpable. Pero sabe, que ya es demasiado tarde. Entonces, el pánico le invade, las ansias de vivir cesan y todo a su alrededor deja de existir. Aunque ya solo puede esperar la llamada del silencio. Como una manada de vacas acudiendo a su pastor.
54.- Baños de Ola
La desierta calle estaba aún completamente inundada. Nadie. No había nadie alrededor, excepto el silencio y la soledad. La ciudad devastada por la terrible ola había quedado sembrada de cadáveres. Todas las calles que estaban a menos de doscientos metros de distancia de la bahía se habían convertido en un cementerio de ahogados y coches destruidos.
Nadie lo había imaginado. Cómo podía haber ocurrido algo así, aquí…en nuestra tranquila ciudad, alejada y ajena a todo tipo de peligros semejantes. Me di cuenta de que se trataba una catástrofe sin precedentes, mucho más desastrosa que el incendio que asoló la ciudad en 1941. Conseguí subir hasta el lugar más alto del edificio. Desde la buhardilla del viejo piso de la calle de Sol miré de nuevo hacia la bahía y me sobrecogí. No era posible, Una ola mucho mayor que la anterior se levantaba de nuevo sobre el mar.

53.- Soy una mesa vacía
Soy una mesa vacía. Mi trabajo es esperar personas. Me encantan los enamorados. Se pasan horas acariciándome sin advertirlo, mientras rozan sus manos y se murmuran palabras bonitas. Los hombres de negocios me alteran. Tamborilean sus dedos sobre mí, insistentemente y a veces hasta me golpean. Las mujeres abandonadas me entristecen. Me ahogan con lágrimas y me hacen ver cada vez más vieja. ¿Y los niños? Uf… los niños me escriben, me tallan, me manchan. En fin, no se le puede pedir a un niño que no sea niño… ¿verdad?
El momento que más disfruto es la madrugada, porque el bar se cierra. Cuando casi no queda nadie, invento historias. Siempre son de amor. He intentado con algunas poesías, pero me cuestan las rimas… para los versos soy de madera. Soy una mesa vacía y enamorada del sol… que me besa de día y me ignora por la noche.


52.- MIS PASOS
Recuerdo que mis primeros pasos fueron de la mano de mi madre.
Después, los mismos pasos, un poco más grandes, me llevaban hasta el colegio.
Luego, hubo un tiempo en que detenía mis pasos frente al escaparate de la tienda de cerámica. Allí contemplaba perpleja como una bailarina daba vueltas sin parar sobre una cajita de música.
Pasados los años, estos mismos pasos, ligeros, se dirigían al estudio de danza.
Me hice mayor, y mis pasos recorrieron su noche.
Un día, éstos la abandonaron.
Entonces, mis pasos vivieron en otros lugares hasta que el eco de mi infancia me invitó a recorrerla de nuevo, y ahora junto a otros pasos me recuerdan lo que fui y viven lo que soy.

51.- MEDITACIONES
Esta no se entera. Hemos progresado pero las tudancas no se enteran. Esta tampoco. Y parece más espabilada que otras que he conocido.
Se piensan que los prados son suyos. Van por las camberas como si les pertenecieran. No quieren conocer la verdadera realidad, porque la realidad siempre es verdadera. Ahora se enfadan porque las quieren encerrar a todas. Bueno, salir un ratuco sí que se lo permitirán.
Pero se acabó eso de campar a sus anchas por todas partes. Se pensaban que iba a ser eterno eso de beber en cualquier regato, tragarse toda la hierba que pudieran, dejar sus moñigas al azar y, encima de eso, pasarse las horas muertas con el cuento de “es que tengo unas digestiones muy pesadas, ¡que tengo cinco estómagos, caramba!”. Se acabó. Ya vamos a modernizar esto, es cuestión de hormigón, ladrillos y unos cuantoshoyos con un banderín clavado. Por fin.

50.- “Hasta mañana a las ocho...”
Quizá la necesidad o quizá la desesperación de subir el escalón del antes al después. La opción de un indeciso centrifugado.
Me imaginé, no se porqué razón, que era inmune, y me equivocaba.
La debilidad me quiere pasar factura. No puedo permitirme el lujo de arruinarme
emocionalmente.
Voy plantando semillas, regando con cariño cada kilómetro de mi carretera, fortaleciendo la esperanza. Es bello alegrar la vida de quien se deja, colgarte la medalla con modestia.
El hecho de que me dejen sorprenderles ya es para mí pura convivencia.
Dosis de felicidad para antes de que anochezca.
Hoy ha sido un gran día.
Aparto colillas de cualquier cenicero, bien despierta me dispongo a soñar y a divinizar una realidad que ahora mismo me da la gana que sea la mía.
Preferencia de evitar un enfrentamiento con mi sentido común.
“...en un café se rifa un pez...”
Buenas noches querido bar.
49.- Rozando el atrevimiento”
Fíjate en esta arruga querido, atraviesa mi frente sin ningún tipo de osadía hacia la vida.
Aquel pequeño niño con voz temblorosa logró pronunciar:
-¿Qué miras? El abuelo levantó la mirada del vaso que sujetaba sus manos.
Se sentía incómodo.
Una nube de humo acariciaba la sonrojada barra. Escasos rayos de sol cortejaban a las copas balanceando sus irregulares licores.
El abuelo respiró ante probablemente la que fuera la añorable conversación que su nieto retendría en su memoria.
-¿Hasta que cifra serías capaz de contar?
El pequeño se encogió de hombros.
-¿Hasta cien, hasta mil?
Ojalá mi niño. Lo importante, lo profundo del día a día, no lo vas a encontrar en ninguna lección de ningún libro.
Hubo unos segundos de silencio, el aliento del abuelo envolvía el ambiente. La contrariedad del inexistente pestañeo del crío colmó el vaso de aquella gota
48.- Sin título
Cierro los ojos, escucho los sones, que bello suena el flamenco, respiro el arte, me dejo llevar por los acordes, viaje interior, no quiero pensar, o si???, una copa, tengo sed, sed de amor, sed de sentirme especial, como la princesa del cuento que siempre me contaba Tía..
Bonita flor, aún huele a vida, al igual que tú, mi alma se marchita, de que me sirve la belleza, si no estás aquí???
Me siento sola, dónde estás??, qué era hoy??? que más da… siempre es algo, siempre es mañana, y hoy???
Maldita solitud que no me deja sonreír, por qué te necesito tanto… porque el amor… cuando no muere mata???. Ya lo dijo “aquel” porque amores que matan nunca mueren…
Dejaré mis armas de mujer en la orilla y cruzaré tus aguas color rubí, sí, voy a “cruzar el Rubicón”…. abro los ojos.

47.- El anillo
Nada más verla entrar en el bar, me quité el anillo de casado.
Ahora estoy soltero.
46.- El peso en gramos de la culpa
Sólo un barman sabe que las hormigas pueden arrastrar 30 veces su propio peso, los hombres 30 veces su culpa.

45.- El Mundo Submarino de la Calle del Sol”
La pequeña Nusa había cumplido 14 años.
Por fin, su delicada cola cuajada de escamosos diamantes, aletearía en las profundas y prohibidas aguas del arrecife del Sol.
La única regla para entrar en el vasto océano de Poseidón, advertía rodear la muñeca con un cabello bien anudado y cuando éste se aflojara… ¡ascender inmediatamente a la superficie!
Penetró entusiasmada en el reino del Sol y curiosa admiró las especies marinas:
-Brillantes Lubinas y Doradas buscaban compañía…
-Grupos de Peces Payaso, Gallos y pulpos preparados para mostrar sus “dotes”…
-Bancos anónimos de estáticos pececillos, esperaban un movimiento para saber su rumbo y objetivo…
-Esponjas marinas escuchaban comprensivas los problemas de algunos cetáceos…
-Arrebatadores peces ballesta apuntando al corazón…
-y por fin…Los Peces Luna.
Repentinamente el corazón de Nusa golpeó su pecho: ¡El rizado cabello había desaparecido!
Ahora…Una Sirena permanecería atrapada en las prohibidas aguas de la calle del Sol.

44.- Lucía y Manuel
Lucía llegaba tarde al trabajo. Manuel salía del suyo.
Lucía caminaba a toda prisa. Manuel lo hacía con lentitud y parsimonia.Lucía vestía con ropas de mercadillo. Manuel llevaba un uniforme gris de vigilante.
Lucía tenía los ojos azules. Manuel los tenía verdes.
Lucía vivía con su madre. Manuel vivía solo.
Lucía soñaba todas las noches. Manuel ya no recordaba cuando fue la última vez que lo hizo.
Lucía era una enamorada del cine clásico americano. Manuel prefería la comedia italiana.
Lucía lloraba cuando veía los telediarios. Manuel directamente ya no los veía.
Lucía bailaba flamenco desde niña. Manuel jugaba al tenis cada tarde.
Aquella mañana ambos se encontraron de manera casual.
Se miraron durante un instante sin decirse nada.
Al día siguiente se volvieron a ver.
Ahora Manuel y Lucía viven en la calle del Sol. La misma calle donde se encontraron por primera vez.

43.- LA CALLE DEL SOL
Desde primera hora de la mañana un centenar de ciudadanos aguardaban impacientes su salida.
El acto se había fijado para las doce del mediodía.
El parte meteorológico preveía cielos despejados durante toda la jornada.
Las autoridades municipales ultimaban todos los preparativos. No querían que nada quedase a la improvisación.
A los más viejos del lugar se les hacía extraño aquel revuelo.
Precisamente, ellos eran los más reacios al cambio de denominación.
Temían que con el nuevo nombre se perdieran para siempre los recuerdos que guardaban de aquel lugar. Habían necesitado muchos años para
construirlos. No era justo que todo terminase de esta forma.
Mientras, el futuro homenajeado contemplaba con escepticismo la expectación creada a su alrededor.
Quizás el reconocimiento llegaba demasiado tarde, pero al menos le quedaba el consuelo de que por fin tendría una calle con su nombre.

jueves, 12 de noviembre de 2009

42.- No queda nada
Me eché a dormir una tarde de junio de mil novecientos setenta y seis en el número cuarenta y seis de la calle del Sol, por aquellos tiempos calle del Carmen. En el correspondiente sueño aparecieron unos Carmelitas, una cuesta que reflejaba el cielo cuando llovía, un hospital que alguien quería convertir en un hotel, una coctelería de cristales oscuros y luces verdes, la destartalada casa donde la Pufi vendía chucherías, un cuartuco en el que un señor mayor despachaba pan y periódicos, una academia de baile, bolsas de basura amontonadas entre los coches, varias Vespas aparcadas, y Vicente dando vinos y comidas en una esquina de azulejo verde. Cuando me desperté treinta y tres años después me asomé al balcón y, del sueño, sólo quedaban allí los Carmelitas y el bar de Vicente. Visto lo visto me volví a la cama a intentar recuperar mis cosas.
41.- RAMONA
Existe una vaca en Cantabria que decidió que ya no quería madrugar. Estaba harta de que cada mañana la despertaran haciéndole abandonar su casa. Una tarde cuando la llevaban de regreso a su encierro, algo en ella cambió. Se recostó en el prau mirando al mar y dijo: “De ahora en adelante viviré aquí tumbada”. Su amo no encontró manera de levantarla y acabó rindiéndose ante la terquedad del animal.
Comer no suponía ningún problema, ya que sus compañeras, al admirarla, le procuraban el pasto que necesitaba. Incluso los ratones silvestres acudían en su ayuda. Les encantaba la idea de que al menos una de ellas pudiera vivir como quisiera.
No os puedo revelar el paradero exacto de Ramona, pues ese es su nombre, pero si paseais por estas tierras, seguro que la veis. Recordad no molestarla, sólo decidle hola y deseadle buena suerte.

40.- LA VIEJA ESTRELLA
Esa canción que está sonando...yo cantaba esa canción. Sí, en bares más grandes que éste. Solía acompañarme...cómo se llamaba? Ya no lo recuerdo. Era un hombre con una guitarra y hubo tantos hombres con guitarras después de aquel primero!. Siempre viajando, siempre bebiendo la vida de local en local. Mientras hubiera cigarrillos, todo iba bien. Tiempos de esperanza. La gente me aplaudía cuando terminaba de cantar. Todos querían tomarse una copa conmigo. Me hablaban del gran futuro que me esperaba. Pero el futuro nunca llegó. Seguí viviendo un presente continuo, de un hombre con guitarra a otro, hasta que la música dejó de sonar para mí. Ya no me invitaban a un trago después de la actuación. Ya no querían hablar del futuro, sólo recordar un pasado lleno de humo, lleno de vida! Miradme ahora! Nadie compartirá conmigo la canción que está sonando?

39.- RASTROS
En esta calle he perdido cuanto tuve en la vida. ¿Ves ese edificio amarillo? Albergaba el juzgado donde me reuní con mis hermanos por última vez para malvender la herencia de mi madre, cuyo funeral se ofició en la iglesia de enfrente. ¿Y aquel chalet de la esquina? Es la academia donde conocí a mi ex mujer durante la universidad. Vivíamos en el número 3, que sigue compartiendo con el repartidor del Pinocho por el que me abandonó.
Hoy, sin asfalto, aceras ni alcantarillas, las huellas de mi pasado se han desvanecido.

38.- OTROS TIEMPOS
De estar unidos por una mirada a separados por una barra, sólo han pasado unos cuantos años y muchas sillas vacías. Ahora cierras los ojos; pero yo te sigo mirando.

37.- Nada es tan opresivo cómo un viaje fijado
Cómo se fuera sábado u otra maravilla semejante, hicimos las maletas. Guardamos lo que quedaba de la plaza deserta e cerramos las ventanas. Había un silencio redondo, de verano, puntuado sólo por el viento. Hasta los insectos parecían apaciguar su existencia en el calor.
Si no fuera la prisa, podríamos habernos suspendido, durmiendo por dentro de la tarde, sobre el tarde que se haría. Talvez el amor una última vez, una vez más. Pero teníamos que ir, tenía que ser, teníamos que ser. Y fuimos.
Dicen que fue un tiro, pero no es verdad: fue un golpe de luz que nos moldó la piel al nada, una especie de pensamiento muy fuerte antes mismo del final.

36.- Brandy
Los ojos inmensos.
Marrones.
Enciende un cigarrillo, entre las vacaciones del verano que se fue y la fiesta del fin de semana que vendrá.
La boca diseñada en rojo y una señal de rotunda precisión en el lado derecho del rostro.
El vino blanco.
Hay, en este cuerpo, una materialización del alba. Cuerpo joven. Cuerpo saludable.
La piel.
Nuevo cigarrillo.
El pelo ondulado que no permite más que entrever el lóbulo carnoso de la oreja.
Brandy.
Cigarrillo.
El pecho redondo a legitimar el escote.
El sopor. El reflejo del alcohol escurriendo por dentro del vidrio.
Justo vestido negro.
Las manos. Asfalto reflejado de lluvia.
Cigarrillo.
La orilla del río.
Los ojos. El agua.
Dos días para recuperar los cuerpos.

35.- Candela
Que Candela fue una hembra de tronío, de esas de rompe y rasga, queda fuera de toda duda. Cierto es que hace bastante tiempo de sus mejores momentos, pero guarda en su rostro hojas frescas del pasado, sus ojos oscuros no han perdido el brillo y su piel soslaya muchas de las dunas que a la mayoría de las mujeres han marcado el rostro a su edad.
Lejos quedan aquellos días de luces, escenarios, lentejuelas, piano, tabaco y su voz cantando tonadillas, tangos y cuplés. Su voz maravillosa, que ni tan siquiera el frío y el humo constante y espeso de los cigarrillos, prendados de su cuerpo, han conseguido doblegar. Y ella lo sabe, y vuelve al café cada día y contiúa entonando sus canciones, nunca olvidadas, para entusiasmar a los demás clientes y, sobre todo, para deleitarse a sí misma y sentirse, un poco, la artista que fue.

34.- En torno a esta mesa.
Siempre ocurre en torno a esta mesa. Yo, que llegué tarde a la vida, con dos partos de retraso; que la culpa de infante no me permitió reconocerme sino esconderme; que mi juventud contempló un campo de dormidera donde anestesiar los miedos y los sueños; redimí, aquí en torno a esta mesa, el tiempo perdido. Aprendí que el futuro es algo que se debe frecuentar; descubrí la vivencia intensa del delirio de ser otro, otros. Aquí, en torno a esta mesa, con mis amigos.

33.- Sin título
Desde que llegó allí lo había imaginado. Él vendría, llamaría, conocería su vida en aquella ciudad. Estarían juntos.
Con el paso del tiempo desistió, sabía que eso no sucedería jamás por lo que relegó su visión a la de sus sueños. Soñaba pues, todo lo que sabía que no podía suceder, con millones de detalles, de palabras, de caricias.
Sentada en el café pensaba en los días anteriores. Él había estado allí.
Meditaba dando pequeños sorbos, reflexionando acerca de cuanto se parecía lo vivido a sus sueños, preguntándose si sólo había sido eso, algo producto de su imaginación.
Miró hacia la puerta, gotas de lluvia resonaban con fuerza en ella e instintivamente sonrió y se dio cuenta del lugar en el que estaba y de la persona que la saludaba desde la esquina, aquella con la que no la hacía falta soñar porque sabía con certeza que era una realidad.

32.- Cupón de los ciegos.
Pertenecía a aquellas fragancias que no necesitan olerse, un aroma tan sólido que se mascaba. Gigantesca diana que imantaba todas mis sensaciones en su única dirección, acaparando todos los puntos cardinales…vanidoso y egoísta olor, dictador de mis querencias.
Humilde humo del cigarrillo que aplacó su tabaco para permanecer mudo, permitiéndome bucear en aquella explosión tenue de piel de hembra. Incómodo momento si no fuese por mi impedimento. Recurrí a él, una vez más, para atrincherar mi pudor y así exponerme a pleno pulmón a aquel azote de vértigo.
Una vez repuesto de aquella resurrección de entre los muertos, aún pendiente de caladas y de tragos aplazados, la chica me compro el cupón…..

31.- SOLITUD
Arranca las flores de su vestido.
Con un pie esta en el anden y con otro en el tren.
Llena su copa de champán hasta el borde.
Le comunican su condena y se vuelve invisible.
Deja un pétalo en la barra y se convierta en un vagabundo.
¿Has oído alguna vez el sonido de un ataúd al cerrarse?
Ya solo puede escuchar al tren alejarse.
30.- Bar Man
los ojos son el primer plano de su vida, las botellas detrás de él, aguardan como figurantes, detalles borrosos, reclamos, disculpas para pedir algo, el trago que se quiere parecer a un beso.
El hombre bar, es la ventana al norte, la conversación y el silencio.
su frente ofrece pistas de hierro, raíles de ironía, melancolía, resistencia, paciencia, la mansa fuerza de lo cotidiano.
La boca, tapada con viril cortina, escucha, sabe que cansa más hablar. Los que entran, lo necesitan más.
Recibe en delantal , para que te sientas como en casa.
Parece decir: quítate lo que te estorbe. las tonterías ¿ que te pongo?

29.- KAFOUNTINE I
Parece una postal turística insólita.
Tumbado, un animal gris, culón, la cornamenta en cuarto creciente, perfecta simetría apuntando al cielo.
Coronado con nombre de ciudad, por la fotógrafa, como un rey de la selva, tal vez sagrado, de espaldas a las miradas que suscita, con ensimismamiento budista.
Contempla una luz perlada, cercana a la bruma. No parece intimidarle la marea. Se ofrece como un altar de calma.
Está solo en una playa fría, a una hora ambigua, sin rastro de sol.
Parece ocultar los secretos de Senegal.
¿Esta trise?,¿ se pregunta que hago aquí?, ¿va todos los días a escuchar el mar.
Es uno de los nuestros?.

28.- Berlina y ron
Entré en el bar, esperaba que él estuviera con una cerveza en mano tarareando alguna canción, pero en la barra del Rubicón, sólo estaba una mujer: Tez pálida, boca color sangre, una rosa muerta como sacada del vestido entre los dedos, parecía estar comunicándose con otra esfera.
Pedí un ron con naranja.
Recordaba mi orgullo y su soberbia.
La señora rompió con el ambiente de calidez tétrica y melancolía agridulce, me lanzó la rosa y dijo: “Jack, di a la chica que queda invitada, su amado se retarda porque está dando de comer a los caballos que dicen que se niegan a tirar de la berlina”.
Poco después desapareció.
-Ya has oído María, estás invitada.
Me dijo el jefe sonriente.
-¿Jack? ¿ admites que te paguen con palabras? ¿y yo tengo un amado que se dirige en berlina?
-Ciertamente, prefiero que me pagues, pero puedo sacarte unos cacahuetes.

27.- VILLA ASUNCION
El mío, mi microrrelato, es auténtico. Ocurrió de verdad.
¿ Te gusta el Jazz ? No lo sé, pero si sientes curiosidad te contaré como nació el Jazz en Santander.
Allá por los años cincuenta del pasado siglo (¡uff!) mis primos Fernando y Ramón viajaron a Roma para curtirse como pintores.
Ramón trajo unos discos de la “Roman Dixieland Jazz Band” que entusiasmaron a mi otro primo Juan Carlos, estudiante de piano.
Ramón, con un trombón de varas, Juan Carlos al piano y yo, Dito, con una rudimentaria batería, intentábamos “tocar”… y fuimos progresando…
Así comenzaron las primeras “Jam session”. En la Calle del Sol, concretamente en el Nº 37 – Villa Asunción.
En Dink Club donde iban agregándose otros santanderinos, se completó con José Luís, (bajo de “palo”) e Isidoro (saxo) la banda “Drink Jazz Cuartet”.
Luego el tiempo siguió su curso…pero todo empezó en la Calle del Sol.

26.- MAMÁ
A mamá siempre le sentaron bien las flores y mal el maquillaje. La he reconocido de inmediato, en un receso del congreso que me trajo a la ciudad. Uno de mis colegas señaló el fortuito cartel: “Observen cómo los signos de la ictericia en el rostro delatan su vicio. Pero miren esos brazos, parecen de muñeca”.
Es verdad. Mamá nunca desgastó sus extremidades en trabajos caseros. Antes de que los efectos de la bebida arrasasen mi infancia, se parapetaba tras su delicada salud. “Estos mareos míos son una calamidad”. Papá cargaba con aquella mentira y se ocupaba de todo. Un día le entregó una bolsa llena de dinero y ella desapareció para siempre.
Ahora mis colegas charlan sobre otras patologías. Pero la imagen de mamá en el cartel me inquieta. Al parecer, su pose de borracha debe servir de inspiración. ¿Debería yo presentarme al concurso?
25.- LA CORONA DE MARGARITA
Después de mi convulso matrimonio, busco momentos de plenitud en la contemplación de este horizonte cántabro, también él, bravío y convulso.
A veces pierdo la noción del tiempo. Entonces me adormilo rastreando los momentos felices de los años conyugales. Siento los dedos de Margarita hurgando en las oquedades de mi cuerpo, en los intersticios del placer que sólo ella supo encontrar. La piel se eriza de puro goce remembrando su aliento sobre mi boca, la lengua bulliciosa en los oídos, los pechos turgentes ofreciéndose como ambrosías... Pero el gozoso ensueño pronto se convierte en pesadilla. En su aliento capto los vahos de otros hombres, en su lengua, restos de salivas ajenas. Hasta sus pechos se me presentan macerados por el sobeteo de los múltiplos amantes.
Y ahí me tienen recién sobresaltado. Coronado para siempre con las astas del cornudo... por la incontinencia de mi amada Margarita.

24.- T O R N A S O L D U E R M E -
En tus entrañas reúnese gente muy variada a compartir un rato de charla.
Centro de reunión obligada cuando el tiempo es lluvioso o hace frío, para, reconfortados, abandonar tu interior tras la toma de alguna bebida tonificante, que permita continuar con el ajetreo diario. Igualmente, cuando el calor aprieta, en tí buscan refrigerio con ansias de apagar la terrible sed que el estío provoca.
Eres testigo de los sueños e ilusiones de muchos, las penurias y aprietos de otros, y en más de una ocasión presenciaste el inicio de alguna bella historia de amor surgida entre fugaces miradas y alentada por la ingesta de alguna bebida de desinhibidor efecto.
Eres el alma de tu calle y tu presencia prevalece imperecedera a lo largo del tiempo, como testigo de otras vidas.
Entre tus paredes, la promesa de reunirse aquí mañana sin falta para sofocar tanto necesidades del alma como del cuerpo.

23.- B A R M A N -
Rodeado siempre de botellas, tu mundo se limita a la barra del bar donde asoman gentes de
todo tipo y condición, confiando los secretos más variopintos, que nadie como tú sabe escuchar.
En tu cara, el gesto amable de quien antepone las necesidades ajenas a las tuyas propias. En tu boca siempre una sonrisa para acoger y escuchar al que lo pida. Tu frente, surcada de arrugas, fruto de tantos pensamientos que cruzaron tu mente. Tus ojos, reflejo de una vida de resignado sacrificio, sin más horizonte que la puerta de entrada al local. A la cintura, tu inseparable mandil orgulloso muestras, cual bandera que anuncia a los cuatro vientos la profesión que es tu vida, lo único que sabes hacer: servir a los demás.
Tan sólo esperas que hoy también acudan tus clientes a charlar un ratito contigo y consigas que, tras hacerlo, marchen sintiéndose un poco más felices.

22.- Azul Eléctrico
Hilvanando la ciudad desde los dieciocho años. Trabajando en Red Eléctrica de España para procurar tendido en la calles. Cables aéreos cruzando de subestación a subestación, de esquina a esquina, de bloque a bloque. En la última jornada de su carrera, cose el tramo del Sol, haciendo empalmes aquí y allá, abriendo cuencas voltaicas; ríos de energía para satisfacer la luz en la noche, la necesidad en el día.
Tenía que ser hoy que la muerte rondara. El corazón se para y el compañero tiembla. Los perros aúllan a la ambulancia, loco emisario de la desgracia. La primera descarga sobre el pecho es suficiente para levantar el ánimo. Los ojos se abren, tose la vida. Mira al cielo azul, a la línea de conducción suspendida: la vena de la ciudad, la física potencia humana.

21.- “Los gallos”
Éramos los más gallos, los más duros. No había hurria ni pelea que rechazáramos.
Aquel día íbamos de exploración por territorio hostil. ¡Ojo avizor!, los de Entrehuertas podían estar emboscados en cualquier recodo. De pronto, frente a los Carmelitas, una gran masa gris inmóvil que sujetaba un arma soltó el remo al tiempo que gritaba: “Por aquí no se corre”. ¡Joder, qué no! Todavía me retumbaba la cara del sopapo y ya volábamos por el Quinto Pino hacia arriba tan rápido como nunca lo habíamos hecho y nunca lo he vuelto a hacer.
Dos de la mañana. Salgo del Rubicón, voy por la calle del Sol, de pronto me paro y leo “Juzgados”
donde en otros tiempos figuró un “Todo Por La Patria”. Recuerdo y sonrío.
Han pasado más de treinta años. Tenía seis y corríamos delante de los grises.
Éramos los más gallos, los más duros…

20.- El bar
Un martes por la tarde del 10 de febrero de 1998 fue cuando se vio a Gregorio, el dueño del bar, por última vez. Los habitantes del pueblo dicen que vieron aparcar en la puerta del bar un OVNI. A continuación se bajaron unos raros personajes, eran verdes y muy pequeños. Dicen que les vieron salir del bar con una saco negro, pero dicen que no se podrían imaginar que era Gregorio el que iba dentro del OVNI. Eso es lo que dice la gente del pueblo que vio este hecho.
A la mañana siguiente cuando los señores del pueblo fueron a tomar el café de por la mañana fue cuando se dieron cuenta de que el bar estaba abierto pero Gregorio no estaba. Estos acudieron a la policía a denunciar la desaparion de Gregorio. Cuando fueron los testigos a contar su historia, el policía les miró raro como diciendo “Estos están locos”.
Hoy a 14 de marzo de 2007 todavía no se sabe nada de la desaparición de Gregorio.

19.- Una Mirada que mata.
Manolo el camarero del bar “El Camarón”fue el último que habló con mi amigo Juampe...
Estábamos tomando unas copichuelas cuando yo me fui al baño, y deje a Juampe hablando con Manolo, cuando antes de salir del baño recibí un mensaje de Juampe que me decía que se tenía que ir por una urgencia.
Al salir fui a hablar con Manolo, me pareció muy raro que se fuese así como así.
Me dijo que le había dicho Juampe que tenia mucha prisa sin más, que no habían hablado mucho pero que lo miró de una forma extraña.
Al día siguiente Juampe se había muerto en la bañera porque se le cayó una radio dentro de la bañera y se electrocutó. Y Manolo Desapareció misteriosamente

18.- MI NOMBRE es SOLEDAD…
Me encuentro aquí sentada bajo la oscuridad de este nublado día, pensativa, tal vez ausente de todo
lo que no va conmigo. Tal vez mi vida no tiene sentido. Eso es lo que siempre pasa por mi cabeza…
Nunca me he puesto a pensar en un futuro pero tampoco tengo intenciones de hacerlo. La verdad, mi vida no tiene sentido si tú no estas conmigo, no se como será mi vida si no estas a mi lado. TE AMO.
Solo se me ocurre pensar en ti.
17.- La historia de Piotr
La guerra fría estaba en su punto más álgido, y la KGB encontró el modo de infiltración perfecto. Con estas nuevas identidades, sus agentes podrían colarse en lo más profundo del mundo capitalista sin levantar la menor sospecha.
Gracias a ello fue cómo Piotr se encontró embarcado en una situación que le venía grande. Al principio enviaba la información recopilada cada vez que le era posible, pero con el tiempo todo se fue volviendo más complicado: Su disfraz era perfecto, pero mantener la coartada exigía un esfuerzo mental que se cobraba con creces todo lo que Piotr podía dar de sí.
Y los informes se fueron espaciando. Y acabó la guerra fría. Y cuando llamaron a Piotr a Rusia ya no
tenía ninguna razón para volver. Ni siquiera recordaba cómo era la estepa donde se crió.
Pero era feliz. Y así decidió acabar sus días disfrazado, en misión secreta.

16.- Perseo-6
Perseo-6. Ese es mi planeta. No me mires así, no pretendo impresionarte. Te veía y pensaba: “¿Qué tiene este cuerpo que me obliga a mirarla?”. Esperaba que tú me lo dijeras, pero por lo que sé de vosotros deduzco que esa expresión dice que no satisfarás mi petición.
¿Qué ocurre, un extraterrestre tiene que parecerse a Keanu Reeves? Entiéndeme, es más sencillo pasar desapercibido con el pelo lacio y la frente despejada que haciendo que las mujeres se giren hacia mí.
Como yo acabo de hacer contigo. Realmente extraño. Casi me arrepiento de aquello para lo que vine. Pero tu mirada altiva y la arrogancia que me espetas me lo ponen fácil, y cuando los míos disparen desde años luz, mi sola presencia aquí hará de baliza para acabar con vuestro planeta antes de que supierais de nosotros.
Pero deja de perder el tiempo conmigo, disfruta de la noche.

15.- La dama del bar
Al sonar los primeros acordes del tema comenzó a dar botes sincopados sobre el taburete del bar,
moviendo espasmódicamente la cabeza, dejando que su melena, pegajosa por el sudor y el humo, se adhiriera en pringosos mechones al maquillaje ajado. El camarero la observó incrédulo, preguntándose qué personal ritmo interno seguía aquella mujer para bambolearse de tal forma, preocupado por laparroquia que, espantada, había enmudecido para volver su atención a aquel esperpento cuyo graznido lograba eclipsar el resto de las conversaciones del local. Tal fue el silencio que se hizo que ella misma debió percibir algo extraño en la atmósfera, pues cesó el canto.
Miró en derredor al personal que la observaba anonadado, hizo un despectivo ademán con la mano:
- Mucha república, mucha anarquía, mucho pijo alternativo, pero en el fondo sois todos unos opresores que no me dejáis expresar libremente. ¡Reprimidos! ¡Opresores!
Y se cayó del taburete.

14.- Madrugada lúgubre
Nunca había pasado por allí.
El suelo es una mezcla de fango y piedras en el comienzo de la calle del Sol. Anda pesadamente sorteando las primeras evidencias de la obra que la espesa niebla apenas le deja distinguir.
Pronto sus pasos devuelven ecos, y entre el claroscuro se encuentra a un hombre con cabeza de perro y pose bizarra. Una ventana rota cerca de allí le impresiona y empieza a sentirse observado.
El pistolero le vigila, efigies de diosas le escrutan, un demonio le mira y se ríe mientras una vieja
noctámbula satisface su curiosidad. La inseguridad se apodera de él. Avanza.
Trastabilla de puro nerviosismo junto a la librería. El maniquí del interior se torna amenazador y él huye de allí. Oye el estruendo de una moto acechándole.
Corre. Las ricas cristaleras, las vallas y los puntiagudos pináculos pasan deprisa. Llega al final.
¡Está a salvo!
¿O no?

13.- KAFOUNTINE
Se perdió el Pequod. Yo chillaba y maldecía mientras me hundía con el leviatán. En el remolino deje de ver y oír y ya no sentía el lomo de la bestia contra mí. No se cuanto tiempo después note de nuevo la brisa. Me vi aferrado a unos leños con unas manos membranosas que no reconocí. Con horror contemplé mi maltrecho cuerpo frío y lleno de escamas. Traté de llenar mi cabeza con una letanía pero solo recordé la cancioncilla de Pip. Ante mis ojos nublados se apareció una playa. Me afane en nadar entre las espumas de las olas para llegar a su orilla. Cuando ya acariciaba la arena caliente mi corazón se ha parado al oír resoplar a Kafountine. He tenido que volver a la mar empujado por la criatura. Así lo he sabido. Kafountine me aguardará en cada playa y Moby Dick me espera en el mar.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

12.- LA DAMA NEGRA
Era una noche oscura en un bar solitario en la carretera donde solo habia un camarero y una extraña mujer.
La llamaban la dama negra. Se dice que ella es una mujer adinerada que espera que por la puerta
aparezca el hombre de su vida para casarse y tener una familia. Nadie pasaba por ese bar pero ella tenia la esperanza de que algún día alguien aparecería allí. Cada noche iba vestida con un atuendo negro tenebroso y llevaba siempre consigo todas las joyas que colocaba junto a ella delante de todas la botellas de vino.
El tiempo siguió pasando y aunque la dama negra nunca perdía la esperanza, ella se hacia mayor hasta que un buen día, el día exacto que perdió la esperanza apareció un hombre mayor aunque apuesto. Empezaron a hablar. la dama no sabia que decir de la emoción . De repente se empezó a sentir mal y el hombre se percato de que era un infarto. Nadie pudo salvarla .

11.- Torna Sol duerme
CUENTAN UNA HISTORIA NADIE SABE, QUIEN LA CONTO PERO LO QUE SI SABEN QUE SUCEDIO.
ERA UN DIA DON DE YA SE ESTA PONIENDO EL SOL. EN UN BAR VACIO LA GENTE QUE PASABA, SE PREGUNTABA QUÉ PASA, HABRA FANTASMA, O SERA EL ESPIRITUD CAPAZ QUE ESTARA CAMINANDO O QUE MISMO HABRA ALGUIEN QUE ESTA ESCONDIENDO A UN MUERTO ¿NO? NO, PUEDE PASAR OTRA VEZ.
LA GENTE QUE PASA SE ASERCA NO VE A NADIE PERO OLLEN PASO DE, DE PENTE TODO SE QUEDA QUIETO Y NO OLLE A NADIE.

10.- Miradas que matan
Érase una tarde de otoño. En un bar había un par de amigos bebiendo, y de pronto entró una chica
espectacular, y uno de los amigos le estuvo mirando fijamente, y la chica también le miraba, como si
se conocieran de hace mucho tiempo.
El chico decidió levantarse y saludarle como un hombre educado, pero después, la chica no le hizo caso y el chico enfadado, salió del bar y la chica que se estaba yendo, el chico salio detrás y le siguió en su coche y la chica también. Después de perseguirla durante un buen tiempo, tuvieron un accidente y murieron, cayendo por un barranco.
Y después su amigo se entera que la chica que había muerto era la hermana de su amigo que nunca había conocido, y que hace mucho tiempo la estuvo buscando.
9.- ADELAIDA.
Adelaida. Ese es mi nombre. O al menos lo era.
E sido una gran modelo, una mujer guapa y joven. Siempre me han comparado con una rosa. ¿Qué ironía verdad?
Yo estaba cumpliendo mi sueño, hasta que una mañana me desperté y me mire al espejo.
Me di cuenta de que me había echo mayor, que ya no era la misma, estaba vieja y fea.
Aislándome del mundo, me di a la bebida llegando al delirium tremens. Pero antes de fallecer, en un
momento de lucidez me di cuenta de que había cometido un error y en ese instante, caí muerta, sobre la alfombra de piel de tigre de bengala, con una rosa en mi mano izquierda y en la otra mano, el espejo en el que me mire por última vez.

8.- Una Tarde Lluviosa
En una tarde lluviosa estaba en mi bar, apunto de cerrar cuando derepente entro
Una mujer corriendo a la cual se la había roto el paraguas, entro llorando yo la
Pregunte que la pasaba y me dijo que la habían despedido del trabajo, en ese
Mismo día había recibido una llamada de que su novio había muerto en un
Trágico accidente. La chica empezó a beber y a beber yo la decía que parase
Pero ella seguía y seguía hasta que recibió una llamada ella cogió el teléfono
Y dijo:
-Si
Entonces salio del bar corriendo, a los segundos se escucho un sonido
Ensordecedor eran las llantas de un coche contra el asfalto de la carretera.

7.- MIRADAS QUE MATAN
Era una noche de primavera. Dos chicas que habían salido a dar una vuelta, de repente les empezó a llover, y se refugiaron en un Pub, donde entraron a tomar unas copas. A la entrada del bar se encantaban dos chicos, que al entrar las dos chicas se quedaron mirándolas y les invitaron a una copa. Los chicos preguntaron como se llamaban, pero como tenían prisa no contestaron. Al día siguiente se encontraron por la calle y se pararon para hablar, cuando acabaron se fueron a dar una vuelta. Se conocieron y se hadrón los números de Mobil, y acabaron teniendo buena relación.
6.- Pasó el tiempo…
Se borró el brillar de la ilusión de tus ojos adolescentes, se borró y dejó paso a la mirada opaca de
la experiencia, a esa mirada ennegrecida, mirada curtida por el humo del tabaco.
De taburete en taburete y de copa en copa, tu dedo gira las rocas de tu whisky. Whisky barato que un día empezaste a beber alardeando de que eras más dura que los hombres, hombres que en igual número que copas por tus labios han pasado. Y como viste que ninguno a tu lado se quedaba, decidiste convertir vicio en negocio y venderte cada noche a esos amores de copa y barra.
Miras el pintauñas descascarillado del dedo que gira tu whisky, rota por dentro, rota por fuera.
Decías vivir el día a día, días que se suman, suma que hoy te susurra que hay que beberse demasiados años.

5.- Sin título
Las mesas ya estaban vacías cuando Selene se dispuso a cerrar el bar. Miró por última vez que todo estuviera en su sitio antes de bajar la persiana metálica. El sol se comenzaba a vislumbrar entre los tejados. Cuando llegó a su casa, la negritud de la noche se había despejado del todo. Se comenzó a desnudar para meterse en la cama, cuando oyó el murmullo de los vecinos. Una pareja de unos cincuenta años, que discutían por dinero. Selene recordó que nunca tuvo una relación que durara más de una noche. Solo los hombres que huían de su pasado la veían, siempre al fondo de la barra, con un cigarro entre sus labios. Subterfugio de quienes viven mentiras. Esa misma noche su sueño se hizo eterno, desnuda en su cama el tiempo se paro; mientras el aire de la calle arrullaba su piel. Todo lo que dejó fue un olor a azahar en las sabanas y cartas viejas de amor.
4.- Despertares
-Ahora ya no te puedo mentir-, dijo ella.
Y yo sentí que todo había cambiado. Que mi mundo había comenzado a desmoronarse definitivamente.

3.- Mi muerte por la tuya: Soy un monstruo.
Entre humos y luces apareces. Quieres que te mire y obedezco con deseo de tu cuerpo. Quiero arrancarte el vestido, acariciar tu piel suave, agarrarte con fuerza y dejar mis dedos marcados en tu cuerpo. Anhelo subir por tus piernas, aspirar tu olor y sabor con la misma firmeza con la que chupo el cigarro. Quiero dominarte, ver en tus ojos asustados los míos lujuriosos. Llegar con mis manos extendidas hasta tu cuello. Apretar hasta tu muerte siguiendo las oleadas de mi placer.
La ceniza ardiente cae abrasando mis dedos y rompiendo mis fantasías. Sales del local con picardía. Te sigo hasta el callejón donde me abres tus puertas. Te siento excitada y húmeda. Confiada, gozando.
Me doy asco por lo que voy ha hacerte. Arcadas. Vomito. Sudoroso y nervioso, hecho a correr alejándome para evitar volver a buscarte. Un coche. Me lanzo contra él. Luz cegadora. Dolor. Sonrío. Muero.

2.- Abriendo puertas abiertas
El frenazo delata el color del coche que se detiene frente al número 16. Se abre la puerta y sale la
persona. Mujer llamativa, mira en derredor; no busca presa, busca colchón.
Se introduce en el portal, sube y descansa la maleta frente a la puerta. Toca el timbre trompetero, ruidos de pasos sobre la madera, gritos y un nombre en boca de todos; el abrazo se ha hecho esperar.
Toma tranquila el café en compañía de los suyos. Silencio en su boca, preguntas en sus oídos. Recuerda las palizas del ausente innombrable; huye volviendo al pasado, craso error.
En la calle de nuevo, empuja la pesada negativa del Metropol. Pide una tónica, seca y amarga. Recuerdos de bourbon en las orgías del Miami más golfo; la perdición no ayuda a olvidar, sólo es otro camino más.
Cierra la puerta de su cuarto; ya no volverá a deambular jamás.
1.- CUARTO DE LA ESO
Mientras realiza un torpe dibujo que le ayude a entender (¿era yo tan borrico a su edad?) el concepto de fuerza de rozamiento, miro por su ventana. La calle viste de domingo, sucia yherida, tratando de reponerse. Como yo de mi resaca.
Me enseña su esquema, todas las flechas están al revés. Suspiro al pensar que ya no sé cómo hacer que este crío me entienda.
Saco cabeza y hombros para que el aire me despeje, y quizás me ayude a ver la Física como lo haría un chico de quince. Ciertas cosas son mucho más simples a esa edad. Saludo a Manel que ya está volviendo a abrir, y me hace recordar que ayer era yo el que hacía el crío en esta calle, dibujando, ebrio, todas las flechas al revés.
¿Qué digo ciertas cosas? Todas son más sencillas.